14 viajes a China y contando: así empezó todo
¡¡Conócenos un poquito más!!
El principio de todo: 2010, el año que cambió nuestra forma de viajar
Corría el año 2010 cuando compramos aquellos billetes de avión sin saber muy bien lo que nos esperaba. China no era entonces el destino que es ahora. No había aplicaciones móviles que te tradujeran el menú al instante, ni mapas digitales que te guiaran calle por calle, ni redes sociales donde otros viajeros compartieran sus experiencias en tiempo real. Si querías saber qué ver y qué hacer, tenías que fiarte de una guía física, de esas de papel que pesaban medio kilo en la mochila y que, cuando llegabas al lugar, a menudo ya estaban desactualizadas.
Y precisamente por eso, porque todo era más complicado, aquel viaje se convirtió en el más especial de todos.
La libreta que nos salvó la vida
Antes de ir, hicimos algo que ahora suena casi naif pero que resultó ser la mejor decisión que pudimos tomar. Fuimos al restaurante chino de nuestro barrio, pedimos el cásico arroz tres delicias y, con la vergüenza y la ilusión a partes iguales, le pedimos al dueño que nos escribiese en una libreta unas cuantas palabras básicas para poder sobrevivir en su país.
Y vaya si funcionó.
El dueño, un señor de mediana edad con una sonrisa cómplice, entendió al momento lo que necesitábamos. Cogió la libreta, un bolígrafo y, con una caligrafía firme y hermosa, fue escribiendo caracteres uno tras otro. No solo las palabras, también el pinyin —esa transcripción fonética que nos permitiría balbucear algo parecido al mandarín— y su traducción al español.
«你好» (nǐ hǎo), «谢谢» (xiè xiè), «多少钱» (duō shǎo qián), «洗手间在哪里» (xǐ shǒu jiān zài nǎ lǐ), «我要这个» (wǒ yào zhè ge)… Frases sencillas, básicas, pero que resultaron ser nuestro pasaporte a la supervivencia. Llevamos aquella libreta a todas partes, en el bolsillo de la chaqueta, siempre a mano. La sacábamos en los mercados, en los restaurantes, en las estaciones de tren. Señalábamos los caracteres con el dedo, pronunciábamos el pinyin lo mejor que podíamos y, casi siempre, la gente nos entendía y nos sonreía con calidez.
Lo mejor de todo fue darnos cuenta de que el esfuerzo importa. Que la gente valora que intentes hablar su idioma, por mal que lo hagas. Que una libreta con unas cuantas frases escritas por un amable restaurador de barrio podía abrirnos más puertas que cualquier guía turística.
Pekín y Shanghái: el primer contacto con el gigante
Aquella primera vez nos fuimos a lo seguro. Solo visitamos Pekín y Shanghái, las dos grandes capitales del país. Diez días repartidos entre la historia milenaria de la primera y la modernidad arrolladora de la segunda. Suficiente para enamorarnos, para saber que aquello no sería un viaje único, sino el primero de muchos.
En Pekín descubrimos la Ciudad Prohibida como un laberinto infinito, la Gran Muralla como una promesa de grandeza, y los hutongs como el verdadero latido de la ciudad. Caminamos sin rumbo por sus callejones, perdidos entre bicicletas y olores a comida callejera, sintiéndonos diminutos frente a una historia que no acabábamos de comprender del todo.
Y luego llegó Shanghái. Pero no el Shanghái que conocemos hoy, sino el de 2010. Una ciudad en plena ebullición, engalanada para recibir al mundo en la Expo Universal. Por aquel entonces, la icónica Torre de Shanghái —ese rascacielos de 632 metros que hoy domina el horizonte de la ciudad— aún estaba en construcción. Vimos sus andamios, sus grúas, sus estructuras de acero apuntando al cielo como una promesa de futuro. No sabíamos entonces que aquel edificio se convertiría en uno de los símbolos de la nueva China, pero intuimos que estábamos siendo testigos de algo grande.
Viajar en la era pre-digital: un reto que nos forjó
Ahora parece mentira, pero en 2010 la revolución digital aún no había llegado a China como la conocemos hoy. No había WeChat, no había Alipay, no había mapas en el móvil. Todo era más lento, más manual y, quizá por eso, más auténtico.
Solo existían mapas físicos, de esos de papel que se desplegaban con paciencia y se plegaban con resignación. Pasábamos horas planificando la ruta del día siguiente con una guía Lonely Planet que habíamos comprado meses antes. Subrayábamos los restaurantes recomendados, los templos imperdibles, los mercados que no podíamos perdernos. Y luego, sobre el terreno, nos dábamos cuenta de que la realidad siempre superaba a la ficción.
El reto de recorrer Pekín y Shanghái sin GPS, sin internet, sin redes sociales que te avisaran de lo que te estabas perdiendo, fue también el mayor regalo de aquel viaje. Porque nos obligó a estar presentes, a mirar, a preguntar, a equivocarnos y a reírnos de nuestros errores. No había distracciones. Solo la calle, la gente, los olores, los sonidos y nosotros, con nuestra libreta de frases chinas y un mapa de papel doblado hasta la extenuación.
Catorce viajes y contando
Diez días en China. No era mucho tiempo, pero fue suficiente para sembrar una semilla que no ha dejado de crecer desde entonces. Volvimos a casa con la mochila llena de recuerdos, la cabeza llena de preguntas y el corazón convencido de que aquel país nos había marcado para siempre.
Desde entonces, hemos vuelto 14 veces. Y hemos perdido un poco la cuenta, la verdad. Pero si algo sabemos es que cada viaje ha sido diferente, cada destino nos ha enseñado algo nuevo y cada regreso ha sido como volver a casa. Hemos recorrido buena parte del país: Fujian, Hainan, Cantón, Sichuan, Hunan… y la lista sigue creciendo. Porque China es tan inmensa que siempre queda algo por descubrir.
No sabíamos que aquel primer viaje sería el principio de una historia que aún se sigue escribiendo. Que aprenderíamos a movernos por el país como pez en el agua, que China se convertiría en nuestra segunda casa, que cada rincón nos seguiría sorprendiendo como la primera vez.
La evolución de China y la nuestra propia
Han pasado más de una década y, en todo este tiempo, hemos visto a China transformarse a una velocidad vertiginosa. Aquella torre que vimos en construcción hoy es uno de los rascacielos más altos del mundo. Los mapas de papel han sido reemplazados por aplicaciones que te guían hasta el último callejón. Las libretas con frases hechas a mano han dado paso a traductores instantáneos que funcionan con solo apuntar el móvil a un cartel.
Pero lo más importante no ha cambiado: la gente, su calidez, su hospitalidad, su manera de sorprenderte cuando menos te lo esperas. China ha evolucionado, pero su esencia sigue intacta. Y nosotros, que hemos tenido el privilegio de ver esa evolución en primera persona, queremos contártela.
Lo que somos: viajeros que siguen aprendiendo
No somos expertos, ya lo sabes. En un país de 9,6 millones de kilómetros cuadrados, con 56 grupos étnicos, decenas de dialectos y una historia de más de 5.000 años, cualquiera que diga saberlo todo es un iluso. Pero si hay algo de lo que estamos seguros es de que sabemos de lo que hablamos. Porque hemos recorrido China por libre, con sus dificultades y sus alegrías, y hemos aprendido de cada error y de cada acierto.
Llevamos desde 2010 viajando a China, y en todos estos años hemos visto cómo el viaje independiente en el país ha pasado de ser una odisea casi imposible a algo mucho más accesible. Pero la esencia del viaje sigue siendo la misma: la de perderse para encontrarse, la de equivocarse para aprender, la de dejarse sorprender.
Qué encontrarás en Conunparchina
Este proyecto nace de toda esa experiencia acumulada. De aquellos mapas de papel que apenas se doblaban, de aquellas guías físicas que marcaban el camino, de aquellos primeros viajes en los que cada día era un reto. Queremos compartir contigo todo lo que hemos aprendido, no desde la superioridad del que sabe, sino desde la humildad del que sigue aprendiendo en cada viaje.
Aquí encontrarás guías prácticas, itinerarios, consejos de transporte, recomendaciones de comida y todo lo que necesitas para viajar por libre a China. Pero también encontrarás anécdotas, errores que cometimos para que tú no los cometas, y descubrimientos que no aparecen en las guías oficiales.
No te vamos a vender un viaje perfecto, ni una China de postal, ni una experiencia filtrada. Te vamos a contar la realidad: los trenes perdidos, las comidas que no supimos pedir, los días de lluvia en los que no había plan B, y también los amaneceres inolvidables, las comidas compartidas con desconocidos, las ciudades que nos robaron el corazón.
¿Y eso de «Conunparchina«?
El nombre tiene su historia. Antes éramos «Conunpardemaletas», un blog y unas redes sociales donde compartíamos nuestras aventuras por todo el mundo. Pero con el tiempo, China fue ocupando cada vez más espacio en nuestras vidas y en nuestros viajes. Hasta que llegó un momento en que ya no viajábamos a otros sitios. Solo a China. Y cuando solo hablas de un país, el nombre tiene que cambiar, ¿no?
Así nació Conunparchina. Porque el mejor viaje se hace con alguien al lado, y porque nosotros queremos ser ese «parchina» que te acompaña —aunque sea desde la pantalla— en tu aventura por el gigante asiático.
Por qué todo esto importa
China es posible, te lo aseguramos. Y nosotros estamos aquí para demostrártelo, con la misma ilusión de aquel viaje de 2010, con la misma libreta metafórica llena de frases útiles y, sobre todo, con las ganas de que tú también te enamores de este país fascinante.
Si tienes dudas, curiosidad o ganas de compartir tu experiencia, escríbenos. Este espacio es tan nuestro como tuyo. Porque Conunparchina no es solo un blog, es una comunidad de viajeros que, como tú, sienten que China merece ser explorada con ganas, con respeto y con la mente abierta.
Bienvenido a Conunparchina.
Bienvenido a nuestra historia.
Y, si nos permites, bienvenido a la tuya también.
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¿Qué es con un par de maletas?
Somos Marta y Javi, dos locos por conocer el mundo y amantes de la fotografía.
Hemos pisado los 5 continentes y siempre viajamos por libre. El objetivo de este blog, es que veas que viajar por libre es más sencillo de lo que piensas. Te explicamos cómo hacerlo, te dejamos enlaces de interés, algún descuento y sobre todo te animamos a que lo hagas por ti mismo. Vivirás una aventura y te ahorrarás mucho dinero.
Decide el destino, busca la información que necesites, compra los billetes, y a viajar!